Los frutos del desierto

Los frutos del desierto

Con el desarrollo de nuevos cultivos y otros que generen mejores ingresos a los productores locales, investigadores buscan evitar que el altiplano de Tarapacá se siga despoblando por el avance de la minería y la falta de oportunidades.

Serafín Larama Guacucano (74) es uno de los 28 pobladores de Chiapa, una localidad precordillerana a 3.200 metros sobre el nivel del mar en la comuna de Huara, en Tarapacá. Aunque siempre ha vivido de la agricultura, con el correr de los años ha visto cómo las nuevas generaciones fueron abandonando el pueblo en busca de mejores oportunidades en Iquique.

El agricultor es parte de un proyecto que la comunidad local desarrolla con investigadores de la Universidad Arturo Prat que busca potenciar cultivos y desarrollar productos que eviten el despoblamiento en el desierto y el altiplano, que con el boom minero cada vez está más deshabitado.

Serafín toma un fruto con la forma de un huevo alargado. Se llama tumbo y es típico de Chiapa. Cuenta que hay de dos tipos: uno dulce y otro cítrico.

-Acá salía como maleza, pero como toda la fruta, ahora ya no sale tanto en parte por la minería y porque no hay gente que trabaje la tierra.

Huara, según el INE, posee solo 2.966 habitantes, repartidos en más de 26 pueblos y 22 caseríos, la mayoría ubicados en estrechas quebradas y esparcidos en una superficie de 10.475 km {+2} . En el caso de Chiapa, su población cayó a menos de la mitad desde el censo de 2002, cuando residían 75 personas. Serafín es de los que van quedando.

-Lo que queremos es que el pueblo no muera, como ha pasado con otros, y potenciar nuestro producto de origen. Los jóvenes, cuando llegan a sexto básico, deben ir a la ciudad a seguir estudiando y allá se deslumbran y no vuelven.

Según el ingeniero agrónomo Felipe Carevic, el tumbo es un producto con "un enorme potencial de expansión en cuanto a tecnificación y rentabilidad, su fruto cuenta con un alto contenido nutricional, su flor es requerida en la industria de la perfumería y como planta medicinal en la farmacéutica".

En Tarapacá la agricultura es reducida, en general con predios de no más de una hectárea y que solo sirven para surtir los mercados locales con productos que no generan grandes ingresos, como hortalizas.

El académico José Delatorre, a través de un fondo FIA, está desarrollando el cultivo de azafrán en La Tirana, Bajo Soga, La Huayca, Pintados y Pica, buscando que los agricultores locales puedan elevar sus ingresos y hacer más atractiva la agricultura a las nuevas generaciones para que no emigren.

A las 8 de la mañana el Sol no da tregua en La Tirana. Lo refleja el rostro de Luis Astorga (38), uno de los agricultores del proyecto que busca producir azafrán en el desierto, uno de los casos más prometedores a un año de la iniciativa. Explica que busca alternativas para diversificar sus plantaciones y dejar de cultivar hortalizas.

-Se requiere que los agricultores más arraigados adopten las nuevas técnicas de riego y se atrevan. Yo he comprobado que hay mejores resultados con riego tecnificado, pero a algunos les cuesta el cambio.

Delatorre explica que en Tarapacá predomina una agricultura familiar y de subsistencia, en su mayoría a manos de comunidades aimaras, que por generaciones han preferido sembrar solo hortalizas, que les aseguran cosechas todo el año.

-Queremos lograr la adaptación del azafrán en el desierto con cormos que trajimos de Holanda, esperamos que este año tengamos un mayor potencial.

El azafrán tiene una gran rentabilidad, ya que una hectárea genera hasta $20 millones, pero aún existen agricultores que no se convencen. Delatorre confiesa que lo más difícil es generar un cambio de cultura entre personas mayores.

Marcelo Lanino es investigador a cargo del proyecto del Vino del Desierto, el cual descubrió una variedad vitivinícola única en el mundo, bautizada como Tamarugal. Hoy buscan generar una ruta enoturística, "es decir que ellos sean capaces de producir el vino en sus chacras y pueda ser adquirido ahí mismo por los turistas".

El historiador vitivinícola de la Universidad de Talca, Gonzalo Rojas, explica que ese proyecto "es fundamental para preservar la cultura del desierto en Chile".

Fuente: El Mercurio

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